No se conoce muy bien su morfología pero podemos decir que
era de mayor tamaño d que la cabra montesa. La última bucarda viva, Celia,
pesaba alrededor de 66 kg y es posible que el macho pesara más de 80. Se diferenciaba de las otras tres subespecies
por un pelo largo y denso, esto era una adaptación al frío extremo de la zona.
Los cuernos de los machos eran más grandes que los de cualquier otro ejemplar
del género Capra en la península.
Durante las dos primeras décadas del siglo pasado se supuso
que este animal ya estaba extinto pero se encontraron ejemplares en una remota
localización. Tras este sorprendente descubrimiento múltiples investigaciones confirmaron
la proximidad genética con la cabra montesa. Un intento de poder seguir al
grupo era introducir machos de cabra montesa esterilizados en el grupo con
radiotransmisores. Estos machos nunca llegaron a adaptarse y murieron. Tras
esto se introdujeron machos fértiles en el grupo para intentar una hibridación,
algunas hembras quedaron preñadas pero nunca se vio un alumbramiento.
Hoy en día hay una gran disparidad de opiniones sobre si se
debería de clonar el animal. Tras el primer intento y el avance de la
ingeniería genética se está muy cerca de lograr poder clonar un ejemplar sano.
Muchas voces críticas afirman que no sería una buena idea debido a que solo se
clonaría una hembra pero no habría un macho para generar descendencia. Una
opción a este problema sería realizar cruces con los ejemplares clonados con
cabras montesas hasta crear una población híbrida. Además tras múltiples
ensayos están a punto de conseguir cambiar cromosomas X por Y, lo cual nos
permitiría clonar animales de ambos sexos. Ciertos sectores naturalistas se
oponen a ello pero, si tenemos los medios para restablecer una especie que el
ser humano ha eliminado por qué no lo vamos hacer
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