Al contrario de lo que mucha gente piensa las denominadas
rapaces nocturnas no siempre cazan en la noche sino que muchas veces se las ha
visto activas durante las horas del atardecer o el día. Se distinguen por tener
una cabeza redondeada y voluminosa con un cuello corto pero con la capacidad de
girar casi por completo. Tienen un pico corto y ganchudo con el que rompen el
cráneo de diminutos roedores por ejemplo, sus patas poseen cuatro dedos
cubiertos de plumas. El dedo externo puede girarse sorprendente mente hasta la
zona del dedo trasero.

Sus
ojos son muy sensibles a la luz, la córnea es abombada. La retina posee
alrededor de 56000 bastoncillos fotosensibles por mm2. A pesar de sus
sorprendentes cualidades visuales son présbitas, es decir que a cortas
distancias no ven muy bien por lo que el tacto se vuelve imprescindible en la
caza.
Su oído es su mejor cualidad, se ayuda de los discos
faciales para orientar el sonido hacia sus conductos auditivos asimétricos.
Esta singularidad les permite localizar rápidamente los suaves sonidos que
hacen las pequeñas presas que cazan. Otra curiosidad es que sus alas están
rodeadas en los bordes por un suave plumón que permite que el aire pase por
ellas sin rozar ni producir sonido. Las barbas finas que poseen sus rémiges son
la clave de todo esto
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